
A pesar de su formalismo próximo en lo que se ha dado en llamar deconstructivismo, se integra perfectamente con las edificaciones eclécticas y modernistas características de finales del siglo XIX y comienzos del XX que conforman la rivera este del río Moldava.
Su volumen se articula mediante dos elementos: un torreón de cristal que se estrecha a mitad de altura (en su cintura) sustentado por pilares curvos; y un prisma ondulante paralelo al río, caracterizado por sus huecos no alineados -que ayudan a su integración con la edificación colindante- que se vuelve cilíndrico en el chaflán y abraza al elemento de cristal, mediante un curioso balcón volado. En planta baja se sitúan locales comerciales, las oficinas ocupan desde la planta segunda a la séptima, y en el nivel de cubierta, un restaurante con vistas panorámicas sobre la ciudad y el castillo. Construido en acero, cristal y paneles de hormigón prefabricado revocados, su cúpula se remata por una malla de acero inoxidable.
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