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miércoles, 7 de septiembre de 2011

Teotihuacán, la Ciudad de los Dioses


La ciudad de Teotihuacan, a cuarenta y cinco kilómetros de Ciudad de México, es una de las maravillas arqueológicas del mundo, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1987.
Sus principales monumentos —la Pirámide del Sol y la Pirámide de la Luna, unidas por la Calzada de los Muertos, el Palacio de los Jaguares o el templo de Quetzalcóalt— son referentes de la cultura universal.
Teotihuacan significa en lengua náhuatl "el lugar de los dioses" o "el lugar donde se hacen dioses" y está considerada como la mayor ciudad prehispánica jamás construida en el continente americano, no en vano fue un importante centro cultural, político y religioso.
En esta gran metrópoli antigua se desarrolló, durante más de 800 años, una de las sociedades más importantes del México precortesiano.
Como gran metrópoli, Teotihuacan marcó la pauta de la política, el comercio y la ideología en buena parte de Mesoamérica durante el periodo 150 a.C. - 650 d.C. y tal fue la magnificencia e importancia de esta urbe que, incluso siglos después de su colapso, era considerada como un lugar sagrado por distintos grupos que migraron hacia el centro de México.
Hoy en día, Teotihuacan sigue constituyendo un elemento fundamental de la identidad mexicana, que busca sus raíces en el complejo entramado de creencias y costumbres de sus culturas antiguas.
El fin de la Ciudad de los Dioses sigue siendo un misterio, la evidencia arqueológica —gruesas capas de ceniza halladas en los yacimientos— parece indicar que, hacia mediados del siglo VII, toda el área metropolitana fue arrasada por un enorme incendio.
También existen indicios de revueltas: las esculturas fueron mutiladas y sus fragmentos dispersados por distintas áreas de la ciudad, y las imágenes de jerarcas y sacerdotes fueron destruidas para terminar con la presencia de la élite y sus representantes. Incluso llegaron a construirse muros frente a las escalinatas de las pirámides para indicar la prohibición de acceso para ceremonias y culto a las deidades.
Se han aventurado varias explicaciones para el colapso de Teotihuacan: revueltas internas contra el poder establecido, situaciones derivadas del excesivo aumento de
población, bloqueo de las rutas comerciales e invasiones de pueblos vecinos... a todo ello hay que añadir el fatalismo del pensamiento indígena prehispánico: si la génesis del universo es obra de los dioses, también ellos determinan el final de su creación. El disco de la muerte, mutilado en la acción destructiva contra la ciudad, evoca de forma concluyente el terrible final de una grandiosa civilización.

Desde épocas muy tempranas (fase Tzacualli o Teotihuacan I, 1-150 d. C.), Teotihuacan empezó a convertirse en una gran metrópoli. El eje principal era la denominada Calzada de los Muertos, que atravesaba la ciudad en dirección norte-sur y comunicaba la Pirámide de la Luna con la Ciudadela y el Gran Conjunto, un espacio abierto identificado como el mercado de la ciudad.
Los edificios más conocidos de Teotihuacan son las pirámides de la Luna y del Sol, con su estructura de enormes muros pétreos inclinados: los taludes. Y sobre cada talud, una plataforma o tablero. Desde Teotihuacan, el sistema de construcción talud-tablero se extendió hasta el sur de Mesoamérica.
En la fase Miccaotli o Teotihuacan II (150-250 d. C.), la ciudad alcanzó su máxima extensión (22,5 km2). El núcleo central acogía las áreas de actividad económica y política, una zona que compartían el mercado y la Ciudadela y donde destacaba, por sus dimensiones colosales, el Templo de la Serpiente Emplumada.
La pintura mural fue una de las principales artes de Teotihuacan. La cantidad de murales encontrados en las excavaciones, completos o fragmentados, permite pensar que la ciudad estaba totalmente cubierta de estucos pintados.
¿Cómo se gobernaba Teotihuacan? Existe un debate abierto en torno a ese tema. Unos postulan un sistema social y político basado en las decisiones de varios gobernantes, y otros sugieren un gobierno unipersonal. En cualquier caso, parece ser que los mandatarios se mantenían en el anonimato.
Sacerdotes, comerciantes, embajadores y militares aparecen representados en la pintura mural y en la cerámica, pero dichas representaciones destacan sus tareas y oficios, y no prestan atención al individuo en sí.
En el mundo teotihuacano, guerra y comercio estaban estrechamente relacionados. Caravanas de mercaderes, embajadores y guerreros recorrían cientos de kilómetros para comprar y vender materiales de uso cotidiano: cerámica, telas y piedra de obsidiana. Los materiales lujosos, como plumas de quetzal, mica y jadeíta, eran utilizados para sellar alianzas estratégicas.
La sociedad estaba dividida en cuatro estamentos: la clase dominante, con grandes privilegios, controlaba la religión, la educación y la justicia; los guerreros estaban especializados en el empleo de las armas y en el arte de la estrategia; los comerciantes y artesanos eran esenciales en la actividad económica de la ciudad; y el pueblo llano se dedicaba a la agricultura o a las pesadas labores de construcción.
La jerarquía religiosa ejerció un papel fundamental en la Ciudad de los Dioses.
En todas las construcciones existían espacios destinados al culto, desde patios
domésticos hasta grandes plazas, que podían albergar a miles de personas.
El panteón de deidades era muy similar al de otras culturas del área
mesoamericana. De hecho, gran parte de las deidades adoradas en Teotihuacan siguieron siendo veneradas muchos siglos después de la decadencia de la ciudad en distintas regiones del México antiguo.
En este ámbito se ilustran ritos, divinidades y cultos funerarios. Las dos deidades principales eran Quetzalcóatl —la serpiente emplumada— y Tláloc — dios de la lluvia y la fertilidad—, representados con sus característicos atributos en vasijas, cerámicas, esculturas y pinturas murales. Otras deidades, como Huehuetéotl, el dios del fuego, o Xipe Totec, «nuestro señor descarnado», solían estar presentes en el interior de las casas mediante esculturas de piedra y barro.
El papel de los sacerdotes era tan importante que durante muchos años los investigadores creyeron que constituían el estrato más elevado de la sociedad.
Hoy en día se considera que los sacerdotes estaban al servicio de una clase política mucho más compleja.

Las excavaciones realizadas a principios del siglo XX permitieron identificar por vez primera las habitaciones de un palacio, al sur de la Pirámide de la Serpiente Emplumada.
Los palacios de Teotihuacan eran construcciones multifamiliares con habitaciones agrupadas en torno a patios de distintos tamaños. Cada palacio estaba rodeado por un muro perimetral que servía como protección y control de acceso. En su interior vivían la familia propietaria y sus asistentes: guardias, artesanos y mercaderes. Las habitaciones estaban distribuidas en función del nivel social y la cercanía al cabeza de familia.
Las habitaciones con techo estaban decoradas con pinturas murales que aludían a las actividades que se desarrollaban en ellas. Los patios permitían la entrada de la luz solar y también servían para recoger el agua de lluvia, que, a través de un sistema de conductos y canales, se acumulaba en cisternas. En los tejados se colocaban almenas y remates arquitectónicos con decoraciones geométricas o de animales para dar identidad al conjunto.
Teotihuacan se convirtió en un centro artístico de primera importancia. En la Ciudad de los Dioses se realizaban decenas de actividades especializadas, en función de un elaborado simbolismo. El Estado teotihuacano establecía el canon artístico para cada una de las artes: talla en piedra, hueso y concha, cerámica y pintura mural.
Las esculturas de figuras humanas seguían un único patrón estilístico que se reflejaba en la manufactura y en las proporciones de cuerpo y rostro. Los diseños de la pintura mural fueron variando ligeramente en cuanto a colores, tonos y líneas de expresión. Pero siempre se observan las mismas constantes y un uso similar de los materiales, como por ejemplo la mezcla de mica en la pasta del estuco.
La llegada de inmigrantes de distintos lugares de Mesoamérica, atraídos por el esplendor de Teotihuacan, supuso la introducción de nuevas técnicas y estilos.
En el Barrio Oaxaqueño es fácil encontrar elementos característicos del arte de los valles centrales de Oaxaca, como las urnas funerarias y la cerámica gris.
El Estado teotihuacano constituyó la organización política compleja más temprana del México antiguo, dominó el altiplano central y estableció redes comerciales, diplomáticas, políticas y militares con muchas otras regiones de Mesoamérica. Los estudios arqueológicos permiten conocer la importancia de dichas relaciones.
Toda el área del altiplano central, con la excepción de Cholula, siguió los patrones arquitectónicos y rituales de Teotihuacan. En la costa atlántica, en el área de Matacapan, los ejércitos teotihuacanos establecieron una colonia militar. En cambio, con la costa del Pacífico y el Estado de Guerrero únicamente se produjeron intercambios comerciales.
Durante el periodo de mayor esplendor de la cultura teotihuacana (350-550 d. C.)
se establecieron relaciones diplomáticas con Monte Albán, en la actual Oaxaca.
Los inmigrantes del sur llegaron a formar un barrio en la Ciudad de los Dioses.
En Kaminaljuyú, Tikal y otras ciudades mayas, grupos armados procedentes de Teotihuacan influyeron en la vida política hasta el punto de imponer nuevas dinastías. La influencia fue también cultural, y puede apreciarse en estelas, cámaras funerarias y pinturas murales de la ciudad de Petén, cerca de la frontera con Guatemala.

Hoy en día amén de ser una gran receptora de de visitantes y turistas interesados en descubrir su apasionante historia y de contemplar sus magníficos vestigios arqueológicos, continúa siendo lugar de peregrinación con los equinoccios de primavera y otoño, que cada 21 de marzo y de junio reúne a miles de fieles dispuestos a obsorber la energía solar. Realmente impresionante resulta la imagen de miles de personas vestidas de un blanco radiante con sus manos extendidas en dirección al Sol cuando este alcanza su punto álgido del día a las 12:00 en punto.
Se trata sin duda alguna de una visita inexcusable si visitamos México D.F., ciudad que ya os recomandamos tiempo atrás en este mismo blog, pero eso sí, una sugerencia, si queréis visitarla durante los citados solsticios, madrugad, puesto que si se os pegan las sábanas el acceso al recinto sagrado de la antigua cultura mesoamericana puede convertirse en una odisea debido a la gran afluencia de gentes que se dan cita sobremanera en esos días.

viernes, 8 de julio de 2011

Cozumel, “la isla de las golondrinas”, un paraíso perdido frente a Cancún


Aguas transparentes, arena blanca y peces de mil colores. Rodeado de una barrera de coral, la segunda más grande del mundo, el paraíso perdido se encuentra frente a las costas de Cancún y se llama Cozumel. Practicar submarinismo, golf, pasear en motocicleta o disfrutar de sus hermosas playas son algunos de los atractivos que ofrece la isla más grande de México, un lugar con naturaleza en estado puro que conserva deshabitado cerca del 90 por ciento de su territorio.

Bautizada por los mayas como Cuzamil, que significa ’Isla de las golondrinas’, fue durante más de 3.000 años lugar sagrado y centro deperegrinación para mujeres de toda la actual Centroamérica que, al menos una vez en sus vidas, debían viajar allí y ofrecer en los altares de Ixchel, diosa de la Luna y madre de todos los hombres, regalos y sacrificios a cambio de amor y días fértiles.

En Cozumel pisaron tierra firme por primera vez, a causa del naufragio de un galeón, los hombres que salieron a la aventura capitaneados por Juan de Grijalva, quien llamó a la isla Santa Cruz. Uno de los recién llegados fue Gonzalo Guerrero, quien se casó con la hija de un cacique indígena y tuvo varios hijos, quizá los primeros mestizos de México y los más antiguos del Nuevo Mundo.

Un año después, en 1519, Hernán Cortés pidió a Guerrero que se uniera a su causa, pero éste ya tenía el cuerpo tatuado según la costumbre local y formaba parte ya de la comunidad indígena. Así, paradójicamente, decidió negar su ayuda al extremeño y adiestrar a los nativos contra los soldados españoles.

Don Jerónimo de Aguilar, otro náufrago español, pronunció en la isla el primer sermón cristiano de Mesoamérica, donde se estableció la primera diócesis de México y se levantó la que sería la primera iglesia de la región. Incluso hoy, algunos cozumeleños aseguran poder señalar el lugar exacto donde habría estado el templo, sustituido en la actualidad por otro en el que la misa se escucha con ventilador o a puertas abiertas, para mitigar el calor húmedo que manda todo el año en el lugar santo de los mayas.

Después, durante sus cuatro siglos de colonia, los piratas que infestaban el Mar Caribe aprovecharon la isla como centro de operaciones. Tanto corsarios franceses, como holandeses e ingleses disfrutaron de Cozumel y desde allí aprovecharon para controlar territorios vecinos. Fueron los casos de Henry Morgan, que se convirtió en gobernador de Jamaica, o el del pirata inglés Peter Walance, que fundó y colonizó Belice.

Después el siglo XIX trajo aires renovados y el auge del comercio propició la apertura de los primeros hoteles de la Isla de las Golondrinas, que sin embargo no obtuvo crecimiento sostenido en el sector hasta los últimos años de la década de los 50, cuando la isla sagrada de los mayasse dio a conocer ante el gran turismo gracias al oceanógrafo Jacques Yves Cousteau, que encontró en el arrecife de Palancar -el segundo más grande del hemisferio_las formaciones de cuatro tipos de coral, entre ellos el coral negro.

En la actualidad, con más de dos millones de visitantes anuales, Cozumel se erige como el primer puerto receptor de cruceros en todo México, tercero del Caribe y quinto a nivel mundial. Con clima veraniego durante todo el año, se recomienda sin embargo aprovechar e intentar coincidir con las fiestas de mayor renombre, entre las que se cuenta el carnaval, la fiesta de la Santa Cruz, que se celebra en mayo; la de San Miguel y el Día de Muertos.

LA VISITA

CÓMO LLEGAR A LA ISLA

Cozumel posee aeropuerto internacional propio dos kilómetros al norte de San Miguel, la capital y única ciudad de la isla. Otra opción para llegar es por mar, tomando uno de los 25 transbordadores que durante todo el día conectan isla y península. Un trayecto rápido y suave, de unos 45 minutos, deja al turista en el muelle de la capital, lugar donde llegan a diario imponentes cruceros de todo el mundo.

San Miguel, que posee el primer acuario de México construido con coral y piedra, cuenta también con modernos hoteles con playas propias desde las que realizar paseos por el mar por ejemplo hacia la Isla de la Pasión, en el noroeste, que ofrece entre sus árboles añosos rudimentarias parrillas para cocinar los pescados obtenidos durante el paseo.

Frente al muelle se ubica la plaza mayor y la avenida Rafael Melgar, la principal. Aquí se levanta el Museo de Cozumel, especializado en historia local. El edificio fue construido en 1930 para albergar al primer hotel de la isla, años más tarde utilizado por un hotel para albergar a sus trabajadores y más tarde, en 1988, cedido a la Fundación de Parques y Museos de Cozumel, que lo convirtió en sede del museo.

Además de este centro, la avenida Rafael Melgar y la plaza frente al muelle están sembradas de restaurantes de menú internacional y tiendas de todo tipo, desde las que ofrecen la tradicional artesanía mexicana –con trabajos de plata, barro, madera o cobre, entre otros_ hasta las que ponen al alcance del visitante los productos de las más prestigiosas marcas internacionales. Por cierto, Cozumel es ‘duty free’ y su souvenir estrella las joyas de coral.

Más alejados del centro se ubican los restaurantes de comida típica del lugar. Rompiendo la homogénea corrección de indios, italianos o chinos de la zona del puerto, locales con terrazas al aire libre, sillas de plástico y ambiente familiar presentan en sus cartas especialidades cozumeleñas como el pan de cazón, camarones al curry o el ‘cebiche’, es decir, un rico plato de tortillas rellenas de pescado crudo, camarón, caracol, langosta o calamar marinado -a elegir– cocido en limón con cebolla, cilantro y chile picados.

RUINAS DE SAN GERVASIO

El sitio, estudiado por arqueólogos de todo el mundo a partir de los años 70, toma su nombre del rancho agrícola y ganadero fundado por Servacio Novel en 1858. El término original utilizado por los mayas para designar la zona se desconoce, sin embargo los expertos barajan la hipótesis de quepudiera haberse llamado ‘Tan Tun‘, que quiere decir ‘Sobre Roca’.

En las ruinas de San Gervasio se diferencian hasta cuatro conjuntos arquitectónicos, todos unidos por una red de caminos blancos. El primer conjunto se conoce como ‘Manitas’ por contar en la pared de su edificio principal con la impresión en color rojo de la huella de dos manos humanas. Se trata de una construcción de estilo Costa Oriental, perteneciente al período posclásico tardío y compuesto por dos habitaciones: una que funciona como pórtico, para funciones de cara al público, y otra más privada, seguramente empleada por sus dueños como dormitorio.

LOS ARRECIFES

Los arrecifes coralinos de Cozumel forman parte del segundo sistema más grande del mundo y entre sus principales componentes biológicos se incluyen alrededor de 45 especies, así como una gran variedad de flora y fauna asociadas, entre ellas algas, anélidos, anémonas, esponjas, moluscos, crustáceos, peces y corales blandos.

Las áreas de buceo de Cozumel se localizan a lo largo de la costa oeste de la isla. En general no se bucea en la parte norte por las dificultades que presenta y también hay áreas en el sur reservadas para buzos experimentados. Los sitios más frecuentados por todos los amantes del buceo o el snorkel son los arrecifes localizados en la zona central, de rápido acceso y aptos tanto para expertos como para principiantes. Todas las áreas de buceo están consideradas Reserva Nacional y protegidas como tales.

El arrecife de Palancar es el segundo más grande del planeta, sin dudas el más famoso de la isla y en el que se encuentra el apreciado coral negro. Palancar se localiza a 2 kilómetros de la costa, 13 kilómetros al sur de San Miguel y ofrece, además colonias de coral, abanicos de coral rojo, esponjas enormes, grutas, cañones, corredores y pronunciados abismos, grandes meros, morenas y toda la variedad de peces de arrecife que se pueda imaginar. La pared de Santa Rosa, al norte de Palancar, ofrece también buenas inmersiones.

INFORMACION SOBRE DESTINOS CARIBEÑOS

http://www.visitmexico.com

http://caribe.costasur.com/

http://sobrecaribe.com

http://www.elcaribe.tv/

jueves, 5 de mayo de 2011

La U.N.A.M.



Hace unos días publicábamos una entrada referente a la Ciudad de México, en la cual os prometíamos hablaros más delante de la Universidad Nacional Autónoma de México, pues bien, aquí la tenéis.

Fundada en 1910, es la heredera de la Real y Pontificia Universidad de México, que data nada menos que del siglo XVI, y su primer rector fue Don Joaquín Eguía Lis.
Su escudo representa las zonas central y sur del continente americano sostenidas por el águila y el cóndor, sobre una alegoría de los volcanes y el nopal y enmarcado por el lema universitario: “Por mi raza hablará el espíritu”, el cual evoca el espíritu humanista con que fue concebida.


A lo largo de sus centenaria historia, ha sido foco de numerosas movilizaciones sociales, como las ocurridas a partir de 1929, en el marco de las reformas universitarias que acontecían en América Latina; las de 1968, que luchaban contra la represión gubernamental; o las de 1999-2000, en contra de la modificación del Reglamento General de Pagos y que incluso llegaron a detener el funcionamiento de la institución.

En la actualidad cuenta con alrededor de 300.000 alumnos y unos 35.000 profesores, y goza con un gran prestigio, no obstante es la segunda con mayor reconocimiento de toda Latinoamérica, solo por detrás de la de Sao Paulo, y ha sido galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2009, entre otros reconocimientos. Cuenta con numerosos centros de estudios repartidos por toda la geografía mexicana, así como en los Estados Unidos y Canadá.

Pero la joya de la corona universitaria es, sin duda, su magnífico campus, declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO, que alberga una reseva ecológica y constituye un auténtico museo al aire libre, donde podemos disfrutar de joyas arquitectónicas como el edificio de la Rectoría, la Biblioteca Central o la Facultad de Medicina, todos ellos ornamentados con maravillosos murales de los principales artista mexicanos del siglo XX, como Diego Ribera, David Alfaro Sequeiros o Juan O´Gorman. Y es que adentrarse en este campus es hacerlo en un homenaje al mural, ya que pocos edificios del complejo carecen de ellos, incluido el Estadio Olímpico Universitario, sede del equipo de fútbol de los Pumas de la UNAM, uno de los principales clubes del balompié mexicano.


Espacio también, cómo no, para la música en la espectacular Sala Nezahuálcoyotl, donde disfrutaremos de una excepcional acústica donde escuchar a su orquesta residente, la Orquesta Filarmónica de la UNAM, y que se sitúa en el Centro Cultural Universitario, justo al lado del Museo Universitario de Arte Moderno.

Y puesto que después del estudio, también debe haber tiempo para el relax y el entretenimiento, en la zona conocida como “Las Islas” podemos disfrutar de numerosas actividades al aire libre como conciertos, malabares, deportes… o simplemente recostarnos en el césped y dejar pasar las horas olvidando por unos momentos las preocupaciones mundanas.

Así que ya lo sabéis, si estabais pensando en completar vuestra formación universitaria, o en iniciarla, la UNAM es el lugar ideal.

GOOOYA!!! GOOOYA!!! GOOOYA!!!

jueves, 21 de abril de 2011

México D.F.


La antigua Tenochtitlan, capital de los aztecas, es hoy una de las mayores aglomeraciones urbanas del planeta. Pocas ciudades pueden presumir, además, de una historia tan rica y antigua como la que posee la capital mexicana, ya que sus orígenes se remontan hacia el año 2000 a.C., es decir, unos 3500 años antes de la llegada de los españoles, los cuales instauraron lo que se conoce como etapa Virreinal, que duró alrededor de 300 años, hasta que los mexicanos proclamaran su independencia, allá por 1810.


Esto se traduce hoy en un sinfín de sitios muy atractivos e interesantes para el visitante, como las ruinas del Templo Mayor, en pleno centro, en las inmediaciones de la plaza del Zócalo, en la cual se sitúan también el Palacio Presidencial, el Ayuntamiento y la Catedral Metropolitana. Este es el punto de partida del DF moderno, desde el cual podemos acercarnos al Palacio de Bellas Artes, merendar en la Casa de los Azulejos o simplemente pasear por la Alameda Central.

Para los que les gusten los museos, imprescindible el Museo Nacional de Antropología e Historia, el cual nos ofrece un extenso recorrido por las culturas prehispánicas (Olmecas, Toltecas, Aztecas, Mayas…). Recomendables también el Museo de Arte Moderno, el Museo de Arte Popular; el Museo Nacional de Historia, en Chapultepec; y por supuesto la Casa Azul, casa-museo en la que vivieron Frida Kahlo y Diego Rivera, situado en el bonito barrio de estilo colonial de Coyoacán, sitio perfecto además si queremos buscar un resquicio de tranquilidad en una ciudad bulliciosa, en la que el ajetreo de gentes y coches parecen no descansar nunca.

Visitas indispensables también para cualquier visitante, el barrio de San Ángel, para impregnarnos de la atmósfera más tradicional, y, si puede ser un sábado, mejor que mejor, puesto que es día de mercado; si de mercados se trata, también es recomendable dejarse caer por el de la Ciudadela, donde podremos adquirir plata o las famosas katrinas, representaciones de la muerte; el Paseo de la Reforma, donde podremos contemplar la estatua del Ángel de la Independencia; darnos un paseo en trajinera por las aguas de Xochimilco; y cómo no, la Plaza Garibaldi, para disfrutar de un buen mariachi mientras nos tomamos unos tequilas.

Y cuando nos asalte el hambre la gastronomía mexicana nos ofrece un amplio abanico de posibilidades desde los chilaquiles del desayuno, tortillas del día anterior; pasando por la sopa de flor de calabaza; los tamales, pasta de hojas de mazorca o plátano rellenas de pasta de maíz y cocidas al vapor; y cómo no las tortillas rellenas de carne de ternera, pollo o cerdo y aliñadas con chile o guacamole; para los más golosos tarta de cajeta; y para los estomagos curiosos interesados por la comida exótica escamoles, huevas de hormiga. Estos son solo algunos ejemplos.

Los amantes de los deportes no dejen de visitar el Estadio Azteca, único estadio que ha acogido dos finales de la Copa del Mundo (1970 y 1986) o el Estadio Olímpico Universitario, sede de los Juegos Olímpicos de 1968, sito en la Ciudad Universitaria y perteneciente a la UNAM, entidad que, en mi opinión, merece una entrada aparte, prometido.

En definitiva, México D.F., el motor de la segunda economía latinoamericana y uno de los países más visitados del mundo, cosa que a un servidor, la verdad, no le extraña, pues es un país para descubrir, empezando por su magnífica capital.