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lunes, 21 de enero de 2013
Algarve: El Último Paraíso en Europa
Conoce el destino turístico más famoso de Portugal. El Algarve tiene una longitud de unos 150 km de costa - acantilados, dunas y playas doradas, bañadas por las aguas del Atlántico, lo que contrasta con los hermosos paisajes naturales del interior.
Con un clima típico del Mediterráneo, este es el lugar ideal para pasar un día de relax en la playa o haciendo caminar en comunión con la naturaleza. La variedad en la gama de actividades disponibles hacen de este destino el más adecuado para todos los gustos y edades. Si le gustan las actividades relacionadas con el mar, la naturaleza, el deporte, el patrimonio, la cultura y la gente, o simplemente una animada vida nocturna, el Algarve es un destino de vacaciones para no perderse.
El mar y las montañas de contraste también puede darle algunas experiencias agradables en cuanto a la gastronomía. Los aromas y sabores de la cocina tradicional Algarve proviene de los ingredientes más frescos producidos en la región y los conocimientos adquiridos con el tiempo en el arte de la preparación de los ingredientes. Los guisos y especialidades acordás cataplanas no se puede perder si te gusta el pescado y los mariscos. Los jardines y los pastos verdes de las colinas viene los ingredientes de los platos de carne: cerezo pollo, frijoles guisados y otros platos de caza son delicias para los amantes de la carne. Por último, la perla de la gastronomía del Algarve, dulces. Almendras, azúcar, miel, huevos y los higos son los ingredientes básicos. No deje de probar el Don Rodrigo, Morgado o almendra rellena las figuras.
Un conjunto de una infraestructura adecuada, calidad de servicio y unas vacaciones de ensueño te espera!
jueves, 12 de abril de 2012
5 dias en el Tibet

Después de un tiempo de descanso volvemos al blog con las energías renovadas y un fantástico video en el que podréis disfrutar de las maravillas del Tíbet , con música de Clint Mansell y grabado con una Canon Rebel T2i/550d y una Canon EF 28-135mm f/3.5-5.6.
5 Days in Tibet from JLSpradlin on Vimeo.
jueves, 13 de octubre de 2011
Praga, como música en otoño

La selección española de fútbol jugó hace unos días en Praga. Por sus calles se pudo ver a cientos de hinchas españoles; muchos eran estudiantes de "Erasmus", pero no todos. Y es que la capital de la República Checa es ya un clásico de vacaciones para los españoles. Razones sobran. Praga es, sin duda, una de las ciudades más hermosas de Europa. Con fútbol o sin él, en otoño Praga bien vale un viaje.
Festivales y conciertos
Praga es una capital musical, especialmente en otoño. El Festival Otoño de Praga termina la secuencia de los festivales de verano de música clásica y de cámara más importantes de Europa. Esta es una oportunidad única para saborear la oferta musical en la capital checa.
Desde 1991 una serie de excepcionales conciertos interpretados por prominentes músicos se repiten en otoño en la actual sede de la Orquesta filarmónica checa, el Teatro Rudolfinum, un edificio neo-renacentista que cuenta entre los mejores lugares en Praga para deleitarse con la música.
Praga es un laberinto de calles, ideales para que el viajero se pierda por ellas. Su centro histórico cuenta con 10.000 obras de arte protegidas. La primera visita siempre corresponde al Puente de Carlos, que une las dos orillas del río Moldava y está decorado por treinta esculturas barrocas, como la de San Juan Nepomuceno. .
Del Puente Carlos al reloj más viejo del mundo
La tradición cuenta que, al enfrentarse al rey, fue metido en un saco y tirado al agua desde el puente. Mientras esto ocurría, según la leyenda, en la superficie del río aparecieron cinco estrellas. A lo largo de la historia, el Puente de Carlos ha sido el lugar elegido para torneos, celebraciones y batallas. Hoy está ocupado por comerciantes ambulantes, músicos y turistas.
Otra parada obligatoria es la Plaza de la Ciudad Vieja, y en ella el Reloj Astronómico, construido en el siglo XV, por lo que es el más antiguo del mundo todavía en funcionamiento. Cuando da la hora empiezan a desfilar los apóstoles, encabezados por San Pedro, con una llave dorada, y por último San Pablo, con una espada y un libro.
La originalidad del reloj astronómico de Praga recae en su complicada esfera astronómica, que indica la posición y el movimiento de los cuerpos celestes en relación a Praga. En la Plaza de la Ciudad nos encontramos el edificio del Ayuntamiento Viejo. En la antigüedad acogió desde mercados medievales hasta ejecuciones.
Mucho más que un castillo es el Castillo de Praga. Considerado como la mayor fortaleza medieval del mundo fue fundado en el siglo IX como residencia de los reyes de Bohemia. En el interior del complejo se encuentra la Catedral de Praga, el Convento de San Jorge y el Palacio Real.
Y la que se llama plaza sin serlo es la Plaza de Wenceslao. En realidad es un bulevar de 700 metros que sube hasta el Museo Nacional. Frente a él está la estatua de Wenceslao sobre su caballo. En 1968 llegaron hasta la Plaza los tanques que acabaron con la Primavera de Praga.
Otro clásico de la ciudad es el Niño Jesús de Praga, una pequeña estatua de cera de 48 centímetros a la que se le atribuyen numerosos milagros. Se encuentra en la Iglesia de Nuestra Señora de las Victorias, regida por Padres Carmelitas desde 1628.
La ruta de los imprescindibles de Praga puede acabar en el Antiguo cementerio judío. Es un inmenso cementerio de 12.000 lápidas que puede albergar unos 80.000 cuerpos. Alrededor del antiguo cementerio judío se levantan una serie de sinagogas que no fueron demolidas durante la invasión nazi porque Hitler esperaba conservar la zona como un museo dedicado a "una raza desaparecida".
miércoles, 7 de septiembre de 2011
Teotihuacán, la Ciudad de los Dioses
La ciudad de Teotihuacan, a cuarenta y cinco kilómetros de Ciudad de México, es una de las maravillas arqueológicas del mundo, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1987.
Sus principales monumentos —la Pirámide del Sol y la Pirámide de la Luna, unidas por la Calzada de los Muertos, el Palacio de los Jaguares o el templo de Quetzalcóalt— son referentes de la cultura universal.
Teotihuacan significa en lengua náhuatl "el lugar de los dioses" o "el lugar donde se hacen dioses" y está considerada como la mayor ciudad prehispánica jamás construida en el continente americano, no en vano fue un importante centro cultural, político y religioso.
En esta gran metrópoli antigua se desarrolló, durante más de 800 años, una de las sociedades más importantes del México precortesiano.
Como gran metrópoli, Teotihuacan marcó la pauta de la política, el comercio y la ideología en buena parte de Mesoamérica durante el periodo 150 a.C. - 650 d.C. y tal fue la magnificencia e importancia de esta urbe que, incluso siglos después de su colapso, era considerada como un lugar sagrado por distintos grupos que migraron hacia el centro de México.
Hoy en día, Teotihuacan sigue constituyendo un elemento fundamental de la identidad mexicana, que busca sus raíces en el complejo entramado de creencias y costumbres de sus culturas antiguas.
El fin de la Ciudad de los Dioses sigue siendo un misterio, la evidencia arqueológica —gruesas capas de ceniza halladas en los yacimientos— parece indicar que, hacia mediados del siglo VII, toda el área metropolitana fue arrasada por un enorme incendio.
También existen indicios de revueltas: las esculturas fueron mutiladas y sus fragmentos dispersados por distintas áreas de la ciudad, y las imágenes de jerarcas y sacerdotes fueron destruidas para terminar con la presencia de la élite y sus representantes. Incluso llegaron a construirse muros frente a las escalinatas de las pirámides para indicar la prohibición de acceso para ceremonias y culto a las deidades.
Se han aventurado varias explicaciones para el colapso de Teotihuacan: revueltas internas contra el poder establecido, situaciones derivadas del excesivo aumento de
población, bloqueo de las rutas comerciales e invasiones de pueblos vecinos... a todo ello hay que añadir el fatalismo del pensamiento indígena prehispánico: si la génesis del universo es obra de los dioses, también ellos determinan el final de su creación. El disco de la muerte, mutilado en la acción destructiva contra la ciudad, evoca de forma concluyente el terrible final de una grandiosa civilización.
Desde épocas muy tempranas (fase Tzacualli o Teotihuacan I, 1-150 d. C.), Teotihuacan empezó a convertirse en una gran metrópoli. El eje principal era la denominada Calzada de los Muertos, que atravesaba la ciudad en dirección norte-sur y comunicaba la Pirámide de la Luna con la Ciudadela y el Gran Conjunto, un espacio abierto identificado como el mercado de la ciudad.
Los edificios más conocidos de Teotihuacan son las pirámides de la Luna y del Sol, con su estructura de enormes muros pétreos inclinados: los taludes. Y sobre cada talud, una plataforma o tablero. Desde Teotihuacan, el sistema de construcción talud-tablero se extendió hasta el sur de Mesoamérica.
En la fase Miccaotli o Teotihuacan II (150-250 d. C.), la ciudad alcanzó su máxima extensión (22,5 km2). El núcleo central acogía las áreas de actividad económica y política, una zona que compartían el mercado y la Ciudadela y donde destacaba, por sus dimensiones colosales, el Templo de la Serpiente Emplumada.
La pintura mural fue una de las principales artes de Teotihuacan. La cantidad de murales encontrados en las excavaciones, completos o fragmentados, permite pensar que la ciudad estaba totalmente cubierta de estucos pintados.
¿Cómo se gobernaba Teotihuacan? Existe un debate abierto en torno a ese tema. Unos postulan un sistema social y político basado en las decisiones de varios gobernantes, y otros sugieren un gobierno unipersonal. En cualquier caso, parece ser que los mandatarios se mantenían en el anonimato.
Sacerdotes, comerciantes, embajadores y militares aparecen representados en la pintura mural y en la cerámica, pero dichas representaciones destacan sus tareas y oficios, y no prestan atención al individuo en sí.
En el mundo teotihuacano, guerra y comercio estaban estrechamente relacionados. Caravanas de mercaderes, embajadores y guerreros recorrían cientos de kilómetros para comprar y vender materiales de uso cotidiano: cerámica, telas y piedra de obsidiana. Los materiales lujosos, como plumas de quetzal, mica y jadeíta, eran utilizados para sellar alianzas estratégicas.
La sociedad estaba dividida en cuatro estamentos: la clase dominante, con grandes privilegios, controlaba la religión, la educación y la justicia; los guerreros estaban especializados en el empleo de las armas y en el arte de la estrategia; los comerciantes y artesanos eran esenciales en la actividad económica de la ciudad; y el pueblo llano se dedicaba a la agricultura o a las pesadas labores de construcción.
La jerarquía religiosa ejerció un papel fundamental en la Ciudad de los Dioses.
En todas las construcciones existían espacios destinados al culto, desde patios
domésticos hasta grandes plazas, que podían albergar a miles de personas.
El panteón de deidades era muy similar al de otras culturas del área
mesoamericana. De hecho, gran parte de las deidades adoradas en Teotihuacan siguieron siendo veneradas muchos siglos después de la decadencia de la ciudad en distintas regiones del México antiguo.
En este ámbito se ilustran ritos, divinidades y cultos funerarios. Las dos deidades principales eran Quetzalcóatl —la serpiente emplumada— y Tláloc — dios de la lluvia y la fertilidad—, representados con sus característicos atributos en vasijas, cerámicas, esculturas y pinturas murales. Otras deidades, como Huehuetéotl, el dios del fuego, o Xipe Totec, «nuestro señor descarnado», solían estar presentes en el interior de las casas mediante esculturas de piedra y barro.
El papel de los sacerdotes era tan importante que durante muchos años los investigadores creyeron que constituían el estrato más elevado de la sociedad.
Hoy en día se considera que los sacerdotes estaban al servicio de una clase política mucho más compleja.
Las excavaciones realizadas a principios del siglo XX permitieron identificar por vez primera las habitaciones de un palacio, al sur de la Pirámide de la Serpiente Emplumada.
Los palacios de Teotihuacan eran construcciones multifamiliares con habitaciones agrupadas en torno a patios de distintos tamaños. Cada palacio estaba rodeado por un muro perimetral que servía como protección y control de acceso. En su interior vivían la familia propietaria y sus asistentes: guardias, artesanos y mercaderes. Las habitaciones estaban distribuidas en función del nivel social y la cercanía al cabeza de familia.
Las habitaciones con techo estaban decoradas con pinturas murales que aludían a las actividades que se desarrollaban en ellas. Los patios permitían la entrada de la luz solar y también servían para recoger el agua de lluvia, que, a través de un sistema de conductos y canales, se acumulaba en cisternas. En los tejados se colocaban almenas y remates arquitectónicos con decoraciones geométricas o de animales para dar identidad al conjunto.
Teotihuacan se convirtió en un centro artístico de primera importancia. En la Ciudad de los Dioses se realizaban decenas de actividades especializadas, en función de un elaborado simbolismo. El Estado teotihuacano establecía el canon artístico para cada una de las artes: talla en piedra, hueso y concha, cerámica y pintura mural.
Las esculturas de figuras humanas seguían un único patrón estilístico que se reflejaba en la manufactura y en las proporciones de cuerpo y rostro. Los diseños de la pintura mural fueron variando ligeramente en cuanto a colores, tonos y líneas de expresión. Pero siempre se observan las mismas constantes y un uso similar de los materiales, como por ejemplo la mezcla de mica en la pasta del estuco.
La llegada de inmigrantes de distintos lugares de Mesoamérica, atraídos por el esplendor de Teotihuacan, supuso la introducción de nuevas técnicas y estilos.
En el Barrio Oaxaqueño es fácil encontrar elementos característicos del arte de los valles centrales de Oaxaca, como las urnas funerarias y la cerámica gris.
El Estado teotihuacano constituyó la organización política compleja más temprana del México antiguo, dominó el altiplano central y estableció redes comerciales, diplomáticas, políticas y militares con muchas otras regiones de Mesoamérica. Los estudios arqueológicos permiten conocer la importancia de dichas relaciones.
Toda el área del altiplano central, con la excepción de Cholula, siguió los patrones arquitectónicos y rituales de Teotihuacan. En la costa atlántica, en el área de Matacapan, los ejércitos teotihuacanos establecieron una colonia militar. En cambio, con la costa del Pacífico y el Estado de Guerrero únicamente se produjeron intercambios comerciales.
Durante el periodo de mayor esplendor de la cultura teotihuacana (350-550 d. C.)
se establecieron relaciones diplomáticas con Monte Albán, en la actual Oaxaca.
Los inmigrantes del sur llegaron a formar un barrio en la Ciudad de los Dioses.
En Kaminaljuyú, Tikal y otras ciudades mayas, grupos armados procedentes de Teotihuacan influyeron en la vida política hasta el punto de imponer nuevas dinastías. La influencia fue también cultural, y puede apreciarse en estelas, cámaras funerarias y pinturas murales de la ciudad de Petén, cerca de la frontera con Guatemala.
Hoy en día amén de ser una gran receptora de de visitantes y turistas interesados en descubrir su apasionante historia y de contemplar sus magníficos vestigios arqueológicos, continúa siendo lugar de peregrinación con los equinoccios de primavera y otoño, que cada 21 de marzo y de junio reúne a miles de fieles dispuestos a obsorber la energía solar. Realmente impresionante resulta la imagen de miles de personas vestidas de un blanco radiante con sus manos extendidas en dirección al Sol cuando este alcanza su punto álgido del día a las 12:00 en punto.
Se trata sin duda alguna de una visita inexcusable si visitamos México D.F., ciudad que ya os recomandamos tiempo atrás en este mismo blog, pero eso sí, una sugerencia, si queréis visitarla durante los citados solsticios, madrugad, puesto que si se os pegan las sábanas el acceso al recinto sagrado de la antigua cultura mesoamericana puede convertirse en una odisea debido a la gran afluencia de gentes que se dan cita sobremanera en esos días.
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jueves, 21 de abril de 2011
México D.F.

La antigua Tenochtitlan, capital de los aztecas, es hoy una de las mayores aglomeraciones urbanas del planeta. Pocas ciudades pueden presumir, además, de una historia tan rica y antigua como la que posee la capital mexicana, ya que sus orígenes se remontan hacia el año 2000 a.C., es decir, unos 3500 años antes de la llegada de los españoles, los cuales instauraron lo que se conoce como etapa Virreinal, que duró alrededor de 300 años, hasta que los mexicanos proclamaran su independencia, allá por 1810.

Esto se traduce hoy en un sinfín de sitios muy atractivos e interesantes para el visitante, como las ruinas del Templo Mayor, en pleno centro, en las inmediaciones de la plaza del Zócalo, en la cual se sitúan también el Palacio Presidencial, el Ayuntamiento y la Catedral Metropolitana. Este es el punto de partida del DF moderno, desde el cual podemos acercarnos al Palacio de Bellas Artes, merendar en la Casa de los Azulejos o simplemente pasear por la Alameda Central.
Para los que les gusten los museos, imprescindible el Museo Nacional de Antropología e Historia, el cual nos ofrece un extenso recorrido por las culturas prehispánicas (Olmecas, Toltecas, Aztecas, Mayas…). Recomendables también el Museo de Arte Moderno, el Museo de Arte Popular; el Museo Nacional de Historia, en Chapultepec; y por supuesto la Casa Azul, casa-museo en la que vivieron Frida Kahlo y Diego Rivera, situado en el bonito barrio de estilo colonial de Coyoacán, sitio perfecto además si queremos buscar un resquicio de tranquilidad en una ciudad bulliciosa, en la que el ajetreo de gentes y coches parecen no descansar nunca.
Visitas indispensables también para cualquier visitante, el barrio de San Ángel, para impregnarnos de la atmósfera más tradicional, y, si puede ser un sábado, mejor que mejor, puesto que es día de mercado; si de mercados se trata, también es recomendable dejarse caer por el de la Ciudadela, donde podremos adquirir plata o las famosas katrinas, representaciones de la muerte; el Paseo de la Reforma, donde podremos contemplar la estatua del Ángel de la Independencia; darnos un paseo en trajinera por las aguas de Xochimilco; y cómo no, la Plaza Garibaldi, para disfrutar de un buen mariachi mientras nos tomamos unos tequilas.
Y cuando nos asalte el hambre la gastronomía mexicana nos ofrece un amplio abanico de posibilidades desde los chilaquiles del desayuno, tortillas del día anterior; pasando por la sopa de flor de calabaza; los tamales, pasta de hojas de mazorca o plátano rellenas de pasta de maíz y cocidas al vapor; y cómo no las tortillas rellenas de carne de ternera, pollo o cerdo y aliñadas con chile o guacamole; para los más golosos tarta de cajeta; y para los estomagos curiosos interesados por la comida exótica escamoles, huevas de hormiga. Estos son solo algunos ejemplos.
Los amantes de los deportes no dejen de visitar el Estadio Azteca, único estadio que ha acogido dos finales de la Copa del Mundo (1970 y 1986) o el Estadio Olímpico Universitario, sede de los Juegos Olímpicos de 1968, sito en la Ciudad Universitaria y perteneciente a la UNAM, entidad que, en mi opinión, merece una entrada aparte, prometido.
En definitiva, México D.F., el motor de la segunda economía latinoamericana y uno de los países más visitados del mundo, cosa que a un servidor, la verdad, no le extraña, pues es un país para descubrir, empezando por su magnífica capital.
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